El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, manifestó que «no volverá a haber elecciones» en su país, en contra de la democracia. Su gobierno ha endurecido la libertad de expresión y el ataque a los cristianos.

La democracia es el sistema representativo de la gran mayoría de los estados independientes de América. Sin embargo, muchos países llevan años (incluso décadas) de crisis políticas y de fragilidad institucional. Esta situación ha llevado que los presidentes lleven mucho tiempo en el poder, sin oposición alguna ni recambio, prácticamente como dictaduras. Ese es el caso de Nicaragua.
Este país de América Central está gobernado por el matrimonio de Daniel Ortega y Rosario Murillo desde 2007, de forma ininterrumpida. Ortega fue un guerrillero que lideró la «Revolución Sandinista» que en 1979 removió del poder al Anastasio Somoza, en un movimiento armado y popular similar al de la Revolución Cubana. Desde entonces. No obstante, con el paso del tiempo, Ortega se atrincheró en la presidencia y repite los pasos de Somoza. De hecho, su partido también controla el Parlamento.
En declaraciones a la prensa el pasado domingo, el líder nicaragüense expresó: «Ya quisieron ellos (la oposición) agazapados, ya quisieran ellos ganar elecciones. Que se olviden, aquí no volverá a haber elecciones. La Asamblea Nacional sancionará leyes para que le pongan un muro, un bloque a los golpistas, a los vendepatria”. Los comicios para elegir nuevas autoridades estaban pautados para el 2027, pero quedaron en suspenso, con el contundente rechazo de los organismos internacionales. Estos además denuncian además elecciones fraudulentas y encarcelamiento de opositores.
Durante 2025, en Nicaragua ha habido un aumento de persecución a ministros e instituciones cristianas. Según informa el sitio «Christian Solidarity Worldwide», desde el año pasado que el gobierno endureció la libre expresión. Esto se manifiesta por medio de mayor control estatal a las actividades religiosas, persecusión policial, detenciones arbitrarias en momentos de servicio, cierre masivo de ficheros de culto y restricciones para reuniones y eventos de distintas denominaciones cristianas nicaragüenses.
Asimismo, en Nicaragua también hubo deportaciones de monjas y clérigos hacia Honduras y Costa Rica entre 2022 y 2026, también cancelando las obras benéficas que realizaban. Es decir que la libertad de culto está seriamente comprometida en esta nación, incluso con una democracia frágil y fragmentada que no garantiza los derechos civiles de los ciudadanos nicaragüenses ni el respeto hacia su fe.
Por Nicolás Diz.
Fuentes: Mundo Cristiano y Christian Solidarity Worldwide.
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