El país ubicado en el «Cuerno de África» es castigado por su inestabilidad política, el terrorismo y la intolerancia total a los cristianos, que deben vivir en absoluta clandestinidad para profesar su fe.

Somalía es una nación de 14 millones de habitantes ubicada al este de África, más precisamente en la región denominada «Cuerno de África», en la que limita con Etiopía, Yibuti y Kenia, además de tener acceso directo al mar Arábigo, el mar Rojo y el océano Índico, siendo una importantísima ruta comercial que conecta dos continentes. Sin embargo, este país se caracteriza por todas sus carencias: crisis humanitaria, hambrunas, sequías, guerras civiles, hostilidad a la ayuda humanitaria extranjera y un radicalismo islámico y terrorista que azota a la población.
Tras declarar su independencia de Italia y Reino Unido en 1960, estuvo 30 años regido por un gobierno militar hasta la conformación de un estado democrático en 1991, pero sin ninguna estabilidad ni legitimidad concreta; al punto que ese mismo año, el norte del país declaró su independencia llamándose así mismos Somalilandia, aunque sin reconocimiento oficial de la ONU ni de ningún organismo internacional. Desde entonces, Somalía atraviesa luchas internas que han propiciado al surgimiento de guerrillas y de facciones terroristas yihadistas, tales como Al Shabaab, cuyo principal objetivo es erradicar el cristianismo de Somalía.
Según el Informe del Departamento de Estado de Estados Unidos, Al Shabaab opera allí mediante el reclutamiento de jóvenes e incluso niños, a los que se les enseña a empuñar armas de fuego y de operar instaurando la violencia extrema como forma de expresión para defender la ley sharia, es decir, la doctrina islámica de manera radicalizada. Más de 7.000 personas fueron asesinadas por esta organización terrorista solo en el 2023, número que ha ido en aumento en los últimos años, a pesar del apaciguamiento del ejército somalí y la cooperación militar norteamericana. Un dato no menor: EE.UU. deportó en junio al árbitro somalí Omar Artan, designado por la FIFA para dirigir en la Copa del Mundo, solo por tener esa nacionalidad, aún con su visa en orden. El juez fue recibido con honores en el estadio más grande del país.

A pesar de la lucha contra los terroristas de Hasán Sheij Mohamud (presidente de Somalía), en muchas regiones somalíes está prohibido por ley que un musulmán se convierta a otra religión (el Islam es la fe oficial del Estado), por lo que no existen iglesias cristianas en todo el territorio. Por tal motivo, evangelizar allí solo es posible en grupos pequeños y clandestinos, ya que son plausibles de ser denunciados y enviados a las autoridades o, peor aún, ser blancos de Al Shabaab. Es así que una importante comunidad cristiana somalí se ha refugiado en países vecinos y/o cercanos, tales como Kenia y Congo. Los exiliados, víctimas del terrorismo y la persecución religiosa, acceden al Evangelio por medio de biblias digitales, buscando mejores condiciones de vida fuera de su país de origen y lograr vivir su vida en Cristo.
Por Nicolás Diz.
Fuentes: Diario Clarín, ACNUR, Informe de EE.UU., Puertas Abiertas y «La Voz de los Mártires».
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