Según reportes recientes, el gobierno de Estados Unidos está restringiendo la entrada de refugiados a su territorio, siendo los perseguidos cristianos los principales daminificados.
La segunda gestión presidencial de Donald Trump en Estados Unidos ha impuesto una política clara: cerrarle la puerta a cualquier inmigrante a su país. De esta forma, evitar la «islamización» que está padeciendo Europa, que ya cuenta con un gran número de personas oriundas sobre todo de África y Asia.
Según los informes de las organizaciones Puertas Abiertas y World Relief, el Departamento de Estados de Estados Unidos ya no admitirá el ingreso de refugiados de otros países por motivos religiosos. Esto es un gran contraste respecto a la gestión anterior, de Joe Biden (2021-2025), en cuya presidencia, más de 29.000 accedieron a refugio y contención en tierra norteamericana.
En más de 50 países, más de 300 millones de cristianos sufren persecución, ataques permanentes, atentados, terrorismo y hostigamiento de todo tipo, por lo que el exilio es su única opción para seguir con su vida. Más allá de la ayuda internacional y la difusión de los crímenes contra ellos, la comunidad cristiana ve restringida una de las opciones que históricamente ha recibido a diferentes culturas y credos, como lo es Norteamérica.
Trump siempre ha tenido un discurso de tipo nacionalista, en el que los inmigrantes son considerados «un peligro» para la nación, aunque la mayoría de los estadounidenses profesan religiones de distintas denominaciones cristianas. Sin embargo, la puerta está cerrada y la esperanza de una vida mejor corre peligro.
Por Nicolás Diz.
Fuente: Diario Eje Central.
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